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The Religious Consultation on Population,
Reproductive Health and Ethics
La Actitud Católica Moderada respecto a la Anticoncepción
y el Aborto
del
Profesor Daniel C. Maguire, Profesor de Teología Moral
en la Universidad de Marquette

No hay tan sólo
una actitud respecto a la anticoncepción o el aborto en la iglesia
católica. Existe, por supuesto, la actitud conservadora, bien
conocida, del papa y bastantes miembros de la jerarquía, y de
una minoría significantiva de los teólogos católicos.
Esta perspectiva afirma que los anticonceptivos artificiales y el aborto
son siempre malos. Para esta perspectiva conservadora, ni siquiera un
esposo cuya pareja haya contraído HIV puede usar anticonceptivos
. Esta es una forma de interpretación posible de las tradiciones
católica y cristiana, pero la mayoría de la gente -católica
o no- piensa que es extrema. Si fuera la única postura católica,
ortodoxa y legítima, sería trágico, pero no es
así.
Junto a estas enseñanzas tan
estrictas existe en la tradición y fe católicas, la perspectiva
de que la anticoncepción es, no sólo permisible, sino
que el uso de los anticonceptivos es en muchas circunstancias obligatorio
desde el punto de vista moral. Está claro que el uso de anticonceptivos
es necesario para prevenir el contagio de infecciones, pero también
para limitar la fertilidad. La planificación familiar es tan
esencial para la vida humana como la razón. Como dice el científico
Harold Dorn con lógica aplastante: "Ninguna especie ha sido
capaz de multiplicarse sin límite. Desde el punto de vista biológico
hay dos formas de controlar un crecimiento rápido de la población
-- un índice de mortalidad alto y un índice de fertilidad
bajo. Al contrario que otros organismos biológicos, los seres
humanos pueden escoger cuál de estas formas prefieren, pero deben
escoger una." Si hay un exceso de producción, la naturaleza
nos va a matar mediante el hambre, las enfermedades y la destrucción
medioambiental, como ya ocurre en tantas partes del mundo. La alternativa
es la planificación familiar.
En el mundo ideal todo el mundo tiene
acceso a anticonceptivos, las mujeres y los hombres son cultos y respetuosos
para con los demás, la pobreza no causa estragos n la vida de
la gente --- en ese mundo, en esa utopía, apenas necesitaríamos
el aborto. El mundo no es una utopía. En el mundo hay embarazos
no deseados ni planeados, y las mujeres pueden, por razones serias y
de peso, decidir terminarlos con un aborto. Todas las religiones del
mundo lo reconocen. En mi reciente libro ELECCIONES SAGRADAS: EL DERECHO
A LA ANTICONCEPCIÓN Y EL ABORTO EN DIEZ RELIGIONES DEL MUNDO
(Fortress Press, 2001), demuestro que todas las grandes religiones del
mundo --incluyendo el catolicismo-- reconocen que la fertilidad es una
bendición que puede ser también un castigo. Todas estas
religiones tienen perspectivas conservadoras respecto a la planificación
familiar, gual que el catolicismo. Pero también tienen perspectivas
más moderadas que permiten la anticoncepción y también
el aborto cuando sea necesario por razones serias.
En el catolicismo, esta perspectiva
tan moderada y sensata no está a la vista. Desde los tejados
sólo se ha predicado la perspectiva extremadamente conservadora
-- sobre todo desde los tejados del Vaticano. El Vaticano también
anuncia este mensaje desde el tejado de las Naciones Unidas, donde es
la única religión del mundo que tiene un asiento en ese
cuerpo internacional. Desde ese asiento el Vaticano ha promovido de
forma muy activa la perspectiva católica más restringente
respecto a la planificación familiar, aunque hay perspectivas
católicas más liberales que son así mismo completa
y genuinamente católicas. El Vaticano desde su actitud excesivamente
privilegiada en las Naciones Unidas junto con las naciones "católicas"
---aliadas ahora recientemente con naciones musulmanas conservadoras---
se las arregló para evitar toda referencia a la anticoncepción
y la planificación

Junto a esta doctrina tan estricta existe en la tradición
y fe católico ramanas, la perspectiva de que la anticoncepción
es, no sólo permisible, sino que el uso de los anticonceptivos
es en muchas circunstancias obligatorio desde el punto de vista
moral.

familiar en la conferencia de las Naciones Unidas de
Río de Janeiro de 1992. Esta alianza también retrasó
los procedimientos de la conferencia de la ONU en El Cairo de 1994 e
impidió cualquier discusión razonable sobre el aborto.
Con ironía Brundtland, el Primer Ministro de Noruega de entonces
dijo de la conferencia de Río: "Los estados que no tienen
ningún problema de población -- en un caso en concreto,
ni siquiera nacimientos [el Vaticano] -- están haciendo todo
lo posible, todo lo que está en sus manos, para evitar que el
mundo tome decisiones sensatas respecto a la planificación familiar."
Esta relación repentina entre el Vaticano
y los estados musulmanes conservadores es interesante. Durante catorce
siglos la relación fue tumultuosa, hasta el punto de llegar a
la guerra y la persecución. Durante ese periodo de tiempo se
sabía que había abortos, pero esto no causó comodidad
ecuménica. ¿Cuál es el tema real, los fetos, o
que estos dos bastiones patriarcales hayan formado una nueva unión
para defenderse de una nueva amenaza... la necesidad urgente de la mujer
de ser libre y tener determinación propia? En mi opinión
la misoginia explica esta nueva y sorprendente alianza.
La Reforma Católica
Una de las tragedias de la vida humana
es la separación del poder y las ideas. Hay mucho más
buen sentido y flexibilidad en la tradición católica que
en sus líderes. Con frecuencia los líderes religiosos
no están preparados para ser los mejores portavoces de la tradición
que representan. En el catolicismo, los papas y obispos no son normalmente
teólogos y con frecuencia no expresan los tesoros reales de sabiduría
que el catolicismo le puede ofrecer al mundo. Pero se está produciendo
un cambio al entrar gente laica en el campo de la teología católica
y aportar sus experiencias de la vida real como trabajadores, padres
y profesionales. La teología católica ya no es un club
the clérigos, y es una ventaja.
Uno de estos teólogos laicos
es la profesora Christine Gudorf, estudiosa de fama internacional que
enseña en la Universidad Internacional de Miami. Es también
madre y esposa. La teología católica ha sido en los últimos
siglos algo casi exclusivo de los hombres. El cambio ocurrió
en la segunda mitad del siglo XX, cuando las mujeres comenzaron a enriquecer
la tradición con sus investigaciones y experiencias femeninas.
[T]odas las grandes religiones del mundo -- incluyendo
el catolicismo-- reconocen que la fertilidad es una bendición
que puede ser también un castigo.

Teilhard de Chardin, el erudito jesuita,
dijo que nada es inteligible fuera de su historia. Comprendemos. Si
perdemos nuestra historia personal por una amnesia, no sabríamos
siquiera quiénes somos. Gudorf, junto con otros muchos eruditos,
cree que nada les aclara la mente a las caricaturas como un paseo vigorizante
por la historia.
La Historia Católica
Gudorf señala que cuando surgió
el cristianismo se conocían y practicaban tanto la anticoncepción
como el aborto. Los egipcios, judios, griegos y romanos utilizaban varios
métodos de anticoncepción, incluído el coitus interruptus,
pesarios, pociones y condones, y parece ser que el aborto era un fenómeno
ampliamente extendido. Los cristianos tenían conocimiento de
esto y aunque algunos líderes religiosos intentaron suprimirlo
no tuvieron nunca un éxito total.
Sorprendentemente, el aborto y la anticoncepción
no eran las formas más comunes de limitar la fertilidad en Europa
incluso antes de la llegada del cristianismo. El infanticidio era el
método principal, al igual que en el resto del mundo. El cristianismo
reaccionó contra el infanticidio, pero existe evidencia de que
continuó practicándose. En documentos de la última
parte del medievo y la primera de la época moderna se observa
una gran incidencia de muerte infantil "por accidente" causada
por niños que "se habían dado la vuelta" o niños
ahogados, o decían que el niño había "nacido
muerto." Como dice Gudorf, "la cantidad de niños aplastados
no podía ser sólamente un accidente."
De todas formas durante la edad media
el infanticidio era mucho menos común que el abandono. Con más
frecuencia, los padres que no podían cuidar a sus hijos, los
abandonaban en un cruce de caminos, en las puertas de las casas o en
el mercado, con la esperanza de que algún transeunte los adoptara.
(Con frecuencia los niños estaban condenados a una vida de esclavitud
y muerte temprana.) Para minimizar esta crisis, la iglesia de la edad
media ofreció la "oblación." Quería decir
que los padres podían ofrecer los niños a la iglesia y
crecían en monasterios religiosos. Muchos de ellos se hicieron
monjas y monjes célibes, y así se pudo contener también
la fertilidad.
Otra respuesta católica al exceso
de fertilidad fue la undación de inclusas. Las inclusas tenían
un torno giratorio (ruota) donde se podía colocar a los niños
de forma anónima y luego el torno giraba y el niño estaba
dentro. Las intenciones eran mejores que los recursos y la gran mayoría
de estos niños, a veces el 90 por ciento, morían a los
pocos meses. Debido a la dependencia en el infanticidio y el abandono,
no sorprende que no se hablara mucho del aborto y la anticoncepción.
Como dice Gudorf, "las principales batallas pastorales del primer
milenio fueron sobre el infanticidio, cuya prohibición aumentó
sin duda el índice de los abandonos." Una orma común
y cruel del control de la natalidad era el alto índice de mortalidad
de niños debido a deficiencias nutritivas, higiénicas
o médicas.
Enseñanzas Católicas sobre la Anticoncepción
y el Aborto
La doctrina católica sobre la
anticoncepción y el aborto no han sido constantes para nada.
Lo que la mayoría de la gente --incluyendo la mayoría
de los católicos-- piensa cuando se refiere a "la actitud
católica" respecto a estos temas data de hecho de la encíclica
de 1930, Casti Connubii, del Papa Pío XI. Con anterioridad
la doctrina de la iglesia eran un cajón de sastre. El papa decidió
poner orden a la tradición y cambiarla diciendo que la anticoncepción
y la esterilización atentaban contra la naturaleza y que el aborto
atentaba contra la vida.
Como dice Gudorf, "la anticoncepción y el aborto estaban
prohibidos normalmente" en la doctrina anterior, pero los dos se
asociaban normalmente con la brujería. Para el Papa Gregorio
IX en el Decreto de 1230 tanto la anticoncepción como el aborto
son "homicidios." Algunos penitenciales de la primera parte
de la edad media ordenan siete años de ayuno a an y agua para
un laico que cometa un homicidio y un año por practicar un aborto,
pero siete años por esterilización. La esterilización
se consideraba más seria que el aborto porrazones anti sexuales,
más que "a favor de la vida". La actitud tradicional
cristiana ante la sexualidad era tan negativa que sólo la reproducción
podía justificar una actividad tan inmoral. El aborto impedía
la fertilidad una vez, mientras que la esterilización la impedía
para siempre y era por tanto más seria. También el hecho
de que no se conociera muy bien la función del óvulo hasta
el siglo XIX contribuía a que pensaran que el esperma eran pequeños
homunculi, gente en miniatura, y por esta razón llamaban homicidio
a la masturbación masculina. La ética sexual de la historia
cristiana es decididamente un baturrillo. Para comprenderla realmente
y poder formar un juicio de valor sobre las opciones morales católicas
es necesario conocer un poco mejor la historia.
La Elección Católica del Aborto
Aunque apenas se reconoce en la mayoría
de los discursos públicos internacionales, la actitud católica
sobre el aborto es pluralista. Hay una gran tradición "a
favor del aborto" y una tradición conservadora en contra.
Ninguna es oficial y una no es más católica que la otra.
El intento de la jerarquía de presentarnos la actitud católica
como una sola voz, un negativo que no ha cambiado y se ha dejado llevar
durante veinte siglos de consenso no perturbado no es cierto. Al sacar
a la luz esta apertura auténtica hacia la elección del
aborto y la anticoncepción en el centro de las tradiciones, la
situación de la actitud en contra del aborto se presenta como
una másentre las varias posiciones católicas.
La Biblia no condena el aborto. Cuando
más se aproxima es en el Éxodo 21:22, en el cual habla
del aborto por accidente. Le impone una multa a un hombre que "durante
el transcurso de una pelea" hizo que una mujer perdiera a su hijo.
El tema en este caso es el derecho del padre a tener descendencia; te
puede multar por hacer algo erróneo, pero no te puede hacer pagar
"ojo por ojo" como si hubieras matado a alguien. Por eso,
como dice el teólogo conservador John Connery, S.J., "el
feto no tenía la misma categoría que la madre en las leyes
hebreas." No tenía la categoría moral de persona.
Eso es lo que dice la Biblia al respecto.

"Los estados que no tienen ningún problema de población
ni siquiera nacimientos [el Vaticano] -- están haciendo
todo lo posible, todo lo que está en sus manos, para evitar
que el mundo tome decisiones sensatas respecto a la planificación
familiar."

La historia temprana de la iglesia sigue
el ejemplo de las escrituras respecto al aborto y habla de ello sólo
de forma accidental o esporádica. Ciertamente no hay ningún
estudio sistemático de la cuestión hasta el siglo XV.
Un escritor temprano de la iglesia, Tertuliano, habla de lo que hoy
llamaríamos aborto de urgencia de la última parte del
embarazo, cuando los médicos tuvieron que desmembrar un feto
para sacarlo, y llama a esta medida de urgencia "crudelitas
necessaria", una crueldad necesaria. Evidentemente esto equivale
a la aprobación moral de lo que algunos llaman hoy de forma errónea
un "aborto de nacimiento parcial."
Algo que se desarrolla temprano y se
impone como tradición dominante en la cristiandad es la teoría
de la hominización tardía o la llegada del alma. Es un
préstamo griego y decía que el alma humana espiritual
no llegaba al feto hasta incluso tres eses de embarazo. Hasta entonces
la vida que estuviera ahí no era humana. Opinaban que el conceptum
estaba habitado hasta entonces primero por un alma vegetativa, luego
un alma animal y sólo cuando estaba lo suficientemente formado,
por un alma espiritual humana. (Ver, por ejemplo, Tomás de Aquino,
Summa Theologiae 1, q. 118,2 ad 2) Aunque hubo algunos intentos machistas
que dijeron que el alma masculina llegaba más pronto---quizá
al mes y medio del embarazo---la regla para decidir cuándo alcanza
el feto el grado de "bebe" era de tres meses o incluso más
tarde. Como escribe Christine Gudorf, la perspectiva pastoral común
era "que la llegada del alma ocurría cuando la madre comenzaba
a notar que el feto se movía en el útero, normalmente
al principio del quinto mes. Antes de la llegada del alma no se consideraba
al feto como persona humana. Por esta razón la iglesia no bautizaba
a los que habían muerto por abortos naturales o habían
nacido muertos.
Reflexionando sobre la creencia pía
en la resurrección de todos los muertos al final del mundo, Agustín
se pregunta si los fetos tempranos como resultado de abortos naturales
también se levantarían. Dijo que no. Añadió
que tampoco se levantaría todo el esperma de la historia. (Por
lo cual estamos agradecidos.) La conclusión a la que llegaron
los teólogos católicos latinoamericanos en un estudio
reciente es la siguiente: "Parece ser que los textos que condenan
el aborto en la iglesia temprana se refieren al aborto de un feto formado
plenamente." (Problemática Religiosa de la Mujer que Aborta,
Universidad Externado de Colombia, 1994) Ni el feto temprano tiene la
categoría de persona, ni matarlo entraría en la
categoría de asesinato.
Esta idea de la entrada tardía
del alma perduró a lo largo de la tradición. Santo Tomás
de Aquino, el más estimado de los teólogos medievales,
opinaba lo mismo. Por lo tanto, la postura más tradicional y
testaruda de la cristiandad católica es que los abortos tempranos
no son asesinatos. Puesto que la mayoría de los abortos practicados
hoy en día son abortos tempranos, no son, de acuerdo con esta
tradición católica, asesinatos. Así mismo, todas
las interrupciones del embarazo efectuadas a través del uso de
RU 486 no se considerarían asesinatos de personas humanas de
acuerdo con esta tradición católica de "hominización
tardía." El padre Joseph Donceel, S.J. expresa una conclusión
obvia: "el embrión no es desde luego una persona humana
durante las primeras etapas del embarazo, y por consecuencia, no es
inmoral terminar elembarazo durante esta época, asumiendo que
haya razones serias para tal intervención."
El padre Karl Rahner, S.J., a quien
muchos consideran el primer teólogo católico del siglo
XX, también está de acuerdo con la idea de la hominización
tardía. Escribió en su Dokumente der Paulusgesellschaft
en 1962: "No se puede interpretar a través de las definiciones
dogmáticas de la Iglesia que asumir que el salto a persona-espíritu
ocurre sólo durante el transcurso del desarrollo del embrión,
sea contrario a la fe. Ningún teólogo proclamaría
la habilidad de probar que la interrupción intencional del embarazo
[aborto] es en cada caso el asesinato de un ser humano." Bernard
Haring, el estimado teólogo redentorista también defiende
la idea de la hominización tardía. En este sentido nos
muestran que son tradicionalistas auténticos.
En el siglo XV, el santo arzobispo de
Florencia, Antonino, estudió mucho el tema del aborto. Estaba
a favor de los abortos tempranos para salvar la vida de la madre, afirmación
con la que estaban de acuerdo muchos miembros en el contexto de la medicina
del siglo XV. Esto se convirtió en la enseñanza común.
El Vaticano no lo criticó por ello.
De hecho fue canonizado más tarde
como santo y por lo tanto como modelo para todos los católicos.
Muchos católicos no saben que hay un santo católico que
estaba a favor de la elección que fue también arzobispo
y dominico.

En el catolicismo, los papas y obispos no son normalmente
teólogos y con frecuencia no expresan los tesoros reales
de sabiduría que el catolicismo le puede ofrecer al mundo.
En el siglo XV, el santo arzobispo de Florencia,
Antonino, estudió mucho el tema del aborto. Estaba a favor de
los abortos tempranos para salvar la vida de la madre, afirmación
con la que estaban de acuerdo muchos miembros en el contexto de la medicina
del siglo XV. Esto se convirtió en la enseñanza común.
El Vaticano no lo criticó por ello. De hecho fue canonizado más
tarde como santo y por lo tanto como modelo para todos los católicos.
Muchos católicos no saben que hay un santo católico que
estaba a favor de la elección que fue también arzobispo
y dominico.
En el siglo XVI, el influyente Antonino
de Córdoba dijo que se prodría tomar medicina abortiva incluso
más tarde en el embarazo si la salud de la madre lo requería.
La madre, insistía, tenía un jus prius, un derecho
anterior. Alguna de las enfermedades de las que hablaba no parecen ser
tema de vida muerte para las mujeres y aún así afirma que
la medicina abortiva inluso en estos casos está permitida moralmente.
El teólogo jesuita Thomas Sánchez que murió al principio
del siglo XVII dijo que todos los teólogos católicos contemporáneos
suyos estaban a favor del aborto temprano para salvar la vida de la madre.
Ninguno de estos teólogos u obispos fueron censurados por sus opiniones.
Fijémonos de nuevo en el hecho de que uno de ellos, San Antonino,
fue canonizado como santo. Su actitud limitada a favor de la elección
se consideraba completamente ortodoxa y aún puede ser considerada
así hoy en día. En el siglo XIX, invitaron al Vaticano a
participar en el debate sobre un aborto muy tarde en el embarazo, en el
que sería necesario desmembrar un feto formado para salvar la vida
de la madre. El 2 de septiembre de 1869 el Vaticano renunció a
pronunciarse sobre el caso. Refirió al que hizo la pregunta a la
doctrina de los teólogos acerca del tema. Era, en otras palabras,
asunto de los teólogos hablar de llo con libertad y llegar a una
conclusión. La decisión no era del Vaticano. Esta modestia
tan apropiada y la falta de inclinación para intervenir es un modelo
católico antiguo y sabio del cual el Vaticano actual podría
aprender la lección.
Esta breve excursión a través
de la historia nos muestra que en la historia católica la postura
"a favor del aborto" coexiste con la postura "en contra"
y ninguna postura puede reclamar el derecho a ser más auténtica
que la otra. La postura a favor de la justicia moral del aborto por razones
de peso es de hecho la postura principal de los estudiosos religiosos,
incluyendo el catolicismo. Los católicos son libres de tomar sus
propias decisiones de acuerdo a su conciencia según esta historia.
Ni siquiera los papas afirman que la postura que prohibe todos los abortos
y los anticonceptivos sea infalible. La doctrina respecto a los abortos
no es sólo no infalible, sino que está, como dice Gudorf,
"sin desarrollar." El aborto no era la "el modo favorito
de control de la natalidad porque, hasta bien entrado el siglo XX, era
extremadamente peligroso para la madre." No había ninguna
enseñanza católica coherente respecto al tema, como nos
ha demostrado nuestra breve excursión a través de la historia,
y tampoco la hay aún. Unos cuantos estudiosos católicos
actuales dicen que cualquier aborto directo es malo, algunos dicen que
los casos de peligro para la madre, concepción por violación,
deformidad genética detectada u otras razones, son excepciones.
La sensata conclusión de Gudorf es: "La mejor evidencia es
que la postura católica no sólo no es inamovible, sino que
evoluciona."

Todas estas religiones tienen perspectivas conservadoras respecto
a la planificación familiar... Pero también tienen perspectivas
más moderadas que permiten la anticoncepción y
el aborto
por razones serias.

Uno de los tesoros de la tradición
moral católica era la teoría del Probabilismo. El probabilismo
se puede aplicar a la justificación del aborto. El probabilismo
defendía que una obligación dudosa, una "que no fuera
inamobible", como dice Gudorf, no puede obligar como si fuese cierta.
Ubi dubium ibi libertas, donde hay duda hay libertad. Hay duda
cuando hay buenas autoridades y buenas razones para una perspectiva
más liberal, aunque haya más autoridades y razones en
contra. En ese caso la conciencia católica es libre. Prestemos
atención al hecho de que el Probabilismo fue un triunfo católico
en la defensa de la conciencia. No dependía de la autoridad jerárquica,
sino de de la perspicacia, la nuestra o la de expertos de fiar. No dependía
de la jerarquía, cuya mayoría no son teólogos.
No dependía de permisos, sino de visión, la nuestra o
la de la gente en quien confiamos. Desde el punto de vista técnico
de la teología moral católica , el derecho a escoger un
aborto por razones serias es una "opinión solidamente probable."
Sexo, Mujeres y el Sensus Fidelium
Ciertas asunciones culturales influyen
mucho siempre en los debates sobre sexualidad y reproducción.
Normalmente implican actitudes hacia las mujeres y el sexo. Una cultura
que considera a las mujeres como origen del mal, como Pandora y Eva
va a tener problemas a la hora de justificar tener relaciones sexuales
con ellas y puede concluir que sólo la reproducción podría
justificar la confabulación sexual con las mujeres. Eso es exactamente
lo que ocurre en la cristiandad. Agustín dijo que si no fuera
por la reproducción las mujeres no servirían absolutamente
para nada. Según él "en cualquier otra tarea un hombre
podría ayudar a otro hombre mejor que una mujer." La actitud
de las primeras comunidades hacia las mujeres era venenosa. El derecho
mosaico asumía la propiedad masculina de la mujer. Los escritores
de la iglesia temprana decían que las mujeres carecían
de razón y sólo poseían la imagen de Dios por medio
de una conexión con los hombres. Para Lutero las mujeres eran
como clavos en la pared, cuya naturaleza les prohibía salir de
su situación doméstica. Y santo Tomás de Aquino
decía que las hembras eran el producto de los embriones machos
que habían sufrido algún daño y que, mediante algún
accidente en el seno materno, se convertían en hembras. Como
dice la profesora Gudorf en su libro refrescantemente sensato Cuerpo,
Sexo y Placer (The Pilgrim Press), la iglesia ha rechazado todos
esos desatinos pero "continúa enseñando la mayoría
del código sexual moral fundado en tales pensamientos."
No es de extrañar que haya una
nueva forma de pensar respecto a la ética sexual y reproductiva.
Como dice Gudorf: "En el último siglo la iglesia católica
(y la cristiandad en general) ha cuestionado drásticamente el
significado del matrimonio, la dignidad y el valor de la mujer, la relación
entre cuerpo y alma, y el papel del placer corporal en la vida cristiana,
el conjunto de los cuales tienen implicaciones revolucionarias para
las doctrinas de la iglesia sobre sexualidad y reproducción.
En efecto, los cimientos de las antiguas prohibiciones han sido derribados
y los nuevos no van a soportar el peso de las prohibiciones tradicionales."
Gudorf y otros teólogos católicos
no están solos dentro de la iglesia en este cambio de las doctrinas
católicas tan dramático e importante. En 1954 el papa
Pío XII preparó el camino para un cambio en la doctrina
católica cuando permitió el método rítmico.
Aunque hizo alguna pequeña objeción sobre el método
a usar, bendijo el intento de anticoncepción y los resultados
de la anticoncepción. Incluso dijo que un matrimonio podría
tener más de una razón para evitar tener hijos por completo.
En 1968 cuando el papa Pablo VI reafirmó la perspectiva de que
toda anticoncepción mecánica o química era pecaminosa,
los obispos católicos de catorce países diferentes estuvieron
en desacuerdo respetuosamente y dijeron a los fieles que no eran pecadores
si no podían aceptar esta doctrina papal.
La mayoría del laicado, por supuesto,
ya había tomado una decisión. Los índices de natalidad
en las naciones llamadas católicas" de Europa y Lationamérica
son negativos, o casi y, como dice Gudorf con ironía, "es
didícil creer que la fertilidad se redujo a la mitad a través
de la abstinencia sexual voluntaria." La doctrina de la iglesia
dispone de los medios adecuados para tal disensión de la doctrina
jerárquica del laicado católico. El sensus fidelium,
el sentido de los fieles es una de las fuente de verdad de la teología
católica. Quiere decir que las conciencias y experiencias de
la gente buena son un poste indicador que incluso la jerarquía
debe consultar.
Historicamente el mejor catolicismo
no es tan rígido como nos lo muestran muchos obispos, papas y
conservadores temerosos. Hay, como dice el teólogo católico
Charles Curran, disensión en la doctrina jerárquica que
está "dentro y a favor de la iglesia." A través
de gran parte de la historia católica la jerarquía enseñó
que cobrar interés por un préstamo era un pecado de usura
--incluso una cantidad mínima. El laicado vio que esto era un
error y decidieron que demasiado interés era pecaminoso y que
una cantidad razonable no lo era. Un siglo o dos más tarde, la
jerarquía estuvo de acuerdo...sobre todo después de que
el Vaticano abriera un banco y aprendiera algunos hechos de la vida
financiera. El laicado está de nuevo, junto con los teólogos,
dirigiendo a la iglesia respecto a la libertad moral de practicar la
anticoncepción y usar el aborto como recurso cuando sea necesario.
Quizá si los miembros de la jerarquía estuviesen casados
y tuviesen familia, podrían seguir la sabiduría del laicado
respecto a este tema a un paso más vivo. Sería una pena
que tardaran un siglo o dos en respetar la conciencia del laicado, ya
que esa conciencia tiene su cimiento y belleza en la experiencia vivida
y embellecida del matrimonio y los hijos.
La profesora Christine Gudorf es optimista
respecto a este tema. Cree que dentro de una generación o dos
la doctrina católica "cambiará para fomentar la anticoncepción
en el matrimonio y permitir el aborto temprano en ciertas circunstancias."
Continúa: "Este cambio ocurrirá porque según
se enfrenta la iglesia católica a la realidad de una biosfera
que intenta sobrevivir en torno a una población humana numerosísima,
discernirá la voluntad de Dios y la presencia del Espíritu
en las elecciones de aquellos que elijan compartir la responsabilidad
de las vidas y la salud y prosperidad de las generaciones futuras al
no reproducirse ellos mismos, incluso si esa elección implica
la anticoncepción artificial o el aborto temprano."
Como teólogo católico
no soy tan optimista como la profesora Gudorf respecto a un cambio jerárquico
en un futuro cercano. Pero a los católicos bien informados realmente
no les importa. La iglesia ha cambiado aunque la jerarquía no
lo haya hecho. El sensus fidelim, el sentido de los fieles, ha cambiado.
Los teólogos han recuperado los mejores pensamientos de la tradición
católica y han hecho explotar la caricatura restringente que
ha distorsionado la imagen del catolicismo moderno. Dos filósofos
católicos, profesores de la Universidad de Seattle, una universidad
católica jesuíta escribieron un libro llamado Una Defensa
del Aborto Católica, Liberal y Breve (University of Illinois
Press). Concluyen: "Sostenemos que la mayoría de la teología
católica del siglo XX sobre el aborto es una caricatura de la
rica y variada tradición del catolicismo respecto a este tópico."
Repetir como un loro las perspectivas
conservadoras y más extremas respecto a la ética
reproductiva según está enunciada en la
teología del Vaticano no le ayuda a la iglesia
católica ni al mundo. Presentarlos como la única
perspectiva católica ortodoxa denigra e insulta
la riqueza de la tradicional moral católica.

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